Quotes from Roberto Arlt
Algunas veces en la noche, yo pensaba en la belleza con que los poetas estremecieron al mundo, y todo el corazón se me anegaba de pena como una boca con un grito. Pensaba en las fiestas a que ellos asistieron, las fiestas de la ciudad, las fiestas en los parajes arbolados con antorchas de sol en los jardines florecidos, y de entre las manos se caía mi pobreza.
~ Roberto Arlt
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Yo percibía inmensos espacios de tiempo entre mi ayer taciturno y mi hoy caviloso.
~ Roberto Arlt
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En las gloriosas mañanas de octubre me he sentido poderoso, me he sentido comprensivo como un dios.
~ Roberto Arlt
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Es síntoma de una inteligencia universal poder regalarse con con distintas bellezas.
~ Roberto Arlt
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Quiénes van a hacer la revolución social, sino los estafadores, los desdichados, los asesinos, los fraudulentos, toda la canalla que sufre abajo sin esperanza alguna? ¿O te crees que la revolución la van a hacer los cagatintas y los tenderos?
~ Roberto Arlt
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Yo me dejo estar. Pienso, no, no pienso, mejor dicho, recibo de mi adentro una nostalgia dulce, un sufrimiento más dulce que una incertidumbre de amor. Y
~ Roberto Arlt
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cada uno tiene que conocer en la vida muchas tristezas. Lo notable es que cada tristeza es distinta de la otra, porque cada una de ellas se refiere a una alegría que no podemos tener.
~ Roberto Arlt
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Acaso la vida es otra cosa que la aceptación tranquila de la muerte que se viene callando?
~ Roberto Arlt
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Ahora mismo, yo me pregunto, mirándote: ¿Con qué ojos mira una mujer a un hombre? Eso es lo que nunca sabremos. ¿No te parece? Vos para mí eras un desgraciado, al que de un revés se lo saca uno de adelante. Pero para ella, ¿quién eras vos? Ese es el punto oscuro. ¿Lo supiste alguna vez? Decíme francamente: ¿supiste vos en tu corazón qué hombre eras para tu mujer? ¿Qué es lo que ella vio en vos para sufrir tanto a tu lado, y soportarte como lo hizo?
~ Roberto Arlt
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Avanzaba ahora hacia la quinta del Astrólogo con el corazón batiente de entusiasmo, repitiéndose la frase de Lenin, como una musiquita llena de voluptuosidad: «—¡Qué diablo de revolución es ésta si no fusilamos a nadie!».
~ Roberto Arlt
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Se imaginaban nuevamente en un desmesurado salón de muros encristalados cuyo centro lo ocupaba una mesa redonda. Sus cuatro secretarios con papeles en las manos y las plumas tras de la oreja se acercaban a consultarle, mientras que en un rincón, con los sombreros en las manos, inclinadas las cabezas canosas, estaban los delegados de los obreros. Y Erdosain volviéndose hacia ellos les decía simplemente: «O mañana vuelven al trabajo o los fusilaremos».
~ Roberto Arlt
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Nunca entres al restaurante de un chino. Será un misterio para ti lo que te dé de comer.
~ Roberto Arlt
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cheque. Ya llegaron esos tipos, pero primero veremos a Barsut. ¡Que esperen, qué diablo! ¿Se da cuenta usted de mi situación? Con ese dinero el mundo es nuestro.
~ Roberto Arlt
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Esta atmósfera de sueño y de inquietud que lo hacía circular a través de los días como un sonámbulo, la denominaba Erdosain, «la zona de la angustia».
~ Roberto Arlt
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Y ya no hablaron más. La cabeza de Hipólita estaba caída sobre su pecho. Faltaba poco para amanecer. Entonces Erdosain dobló ese cuerpo fatigado sobre el sofá... ella sonrió extenuada; luego Remo sentóse sobre la alfombra, apoyó la cabeza en el borde del sofá, y así acurrucado quedóse adormecido.
~ Roberto Arlt
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Qué es lo que puedo hacer yo? Cuando tuvo la idea, cuando una pequeñita idea lo cercioró de que podía defraudar a sus patrones, experimentó la alegría de un inventor. ¿Robar? ¿Cómo no se le había ocurrido antes? Y Erdosain se asombró de su incapacidad llegando hasta reprocharse falta de iniciativa, pues en esa época (tres meses antes de los sucesos narrados) sufría necesidades de toda naturaleza, a pesar de que diariamente pasaban por
~ Roberto Arlt
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sociales, la envidia y la cobardía. Si esos rebaños se compusieran de bestias corajudas lo hubieran hecho pedazos todo. Creer en el montón es creer que se puede tocar la luna con la mano. Vea lo que le pasó a Lenin con el campesino ruso. Pero ya está todo organizado y no cabe otra cosa
~ Roberto Arlt
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Zas!, perdió... pero lo notable es que estaba asustado de la suerte que había tenido... él mismo hasta entonces había tenido una relativa confianza en su martingala...
~ Roberto Arlt
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Cuando Erdosain salió, la Coja le envolvió en una mirada singular, mirada de abanico que corta con una oblicua el cuerpo de un hombre de pies a cabeza, recogiendo en tangente toda la geometría interior de su vida.
~ Roberto Arlt
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Usted me mira asombrado, claro, veía a un hombre raro, quizá, pero no se daba cuenta de que toda esa rareza derivaba de la angustia que yo llevaba escondida en mí.
~ Roberto Arlt
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Porque él no le dio a su carne, que tan poco viviría, ni un traje decente, ni una alegría que lo reconciliara con el vivir, él no había hecho nada por el placer de su materia, mientras que a su espíritu no le fue negada ni la geografía de los países para quienes los hombres aún no han descubierto maquinas para llegar.
~ Roberto Arlt
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arrodillarme, yo apoyaba el pecho en el asiento de la silla, tomaba mi cabeza entre sus rodillas y, de pronto, crueles latigazos me cruzaban las nalgas. Cuando me soltaba, corría llorando a mi cuarto. Una vergüenza enorme me hundía el alma en las tinieblas. Porque las tinieblas existen aunque usted no lo crea.
~ Roberto Arlt
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El semblante del hombre se deformó en la súbita pena. —Bueno, ándate. —Hasta pronto, mi esposo. —¿Qué dijiste? —Te digo esto, Remo. Esperame. Aunque tenga todos los millones del mundo, yo vuelvo. —Bueno... entonces adiós... pero dame un beso. —No, cuando vuelva... adiós, mi esposo.
~ Roberto Arlt
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Y cómo te va? -Muy bien... La farmacia da setenta pesos diarios. En Pico no hay otro que conozca la Biblia como yo. Lo desafié al cura a una controversia y no quiso agarrar viaje. Erdosain miró repentinamente esperanzado a su extraño amigo. Luego le preguntó: -¿Jugás siempre? -Sí, y Jesús, por mi mucha inocencia, me ha revelado el secreto de la ruleta
~ Roberto Arlt
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