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Quotes from Horacio Quiroga

Pensó en las palabras de Dostojewsky, que hasta ese momento no había comprendido: "Nada hay más bello y que fortalezca más en la vida, que un puro recuerdo". Nébel lo había guardado, ese recuerdo sin mancha, pureza inmaculada de sus dieciocho años, y que ahora estaba allí, enfangado hasta el cáliz sobre una cama de sirvienta…
~ Horacio Quiroga
De este modo Bertita cumplió cuatro años, y esa noche, resultado de las golosinas que era a los padres absolutamente imposible negarle, la criatura tuvo algún escalofrío y fiebre. Y el temor a verla morir o quedar idiota, tornó a reabrir la eterna llaga.
~ Horacio Quiroga
No sé si usted ha sufrido una impresión semejante; pero cuando ella me extendió la mano y nos miramos, sentí que por ese contacto tibio, la espléndida belleza de aquellos ojos sombríos y de aquel cuerpo mudo, se infiltraba en una caliente onda en todo mi ser.
~ Horacio Quiroga
El médico lo examinó con esa atención profesional que está visiblemente buscando la causa del mal, en las enfermedades de los padres. Después
~ Horacio Quiroga
Tenía, bajo el cabello muy oscuro, un rostro de suprema blancura, de ese blanco mate y raso que es patrimonio exclusivo de los cutis muy finos. Ojos azules, largos, perdiéndose hacia las sienes en el cerco de sus negras pestañas. Acaso un poco separados, lo que da, bajo una frente tersa, aire de mucha nobleza o de gran terquedad. Pero sus ojos, así, llenaban aquel semblante en flor con la luz de su belleza.
~ Horacio Quiroga
Y el silencio fue tan fúnebre para su corazón siempre aterrado, que la espalda se le heló de horrible presentimiento.
~ Horacio Quiroga
En cuanto a mí, me paso la vida llevando cigarros a la boca como quien quema margaritas: ¿me quiere? ¿no me quiere?
~ Horacio Quiroga
Nébel había sido visto ya por ella; pero no importaba. Lidia llegó cuando él estaba de pie. Avanzó a su encuentro, los ojos centelleantes de dicha, y le tendió un gran ramo de violetas, con adorable torpeza.
~ Horacio Quiroga
Inés! Y como diez años antes, los sollozos redoblaron, y como entonces me respondió bajo sus brazos: —No, no…¡Es demasiado tarde!…
~ Horacio Quiroga
pero cada mañana amanecía lívida, en
~ Horacio Quiroga
Era siempre la misma madre, pero ya envilecida por su propia alma vieja, la morfina y la pobreza.
~ Horacio Quiroga
Tell the story as if it were only of interest to the small circle of your characters, of which you may be one. There is no other way to put life into the story.
~ Horacio Quiroga
Nada hay más bello y que fortalezca más en la vida, que un puro recuerdo
~ Horacio Quiroga
Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.
~ Horacio Quiroga
esa imperiosa necesidad de culpar a los otros, que es patrimonio específico de los corazones inferiores.
~ Horacio Quiroga
bien: basta que dos personas sorban los deleites de la vida de un modo anormal, para que se comprendan tanto más íntimamente, cuanto más extraña es la obtención del goce. Se unirán en seguida, excluyendo toda otra pasión, para aislarse en la dicha alucinada de un paraíso artificial.
~ Horacio Quiroga
Se miraron fijamente, insistentemente, aislados del mundo en aquella recta paralela de alma a alma que los mantenía inmóviles.
~ Horacio Quiroga
El cloroformo dilata el pecho a la primera inspiración; la segunda, inunda la boca de saliva; las extremidades hormiguean, a la tercera; a la cuarta, los labios, a la par de las ideas, se hinchan, y luego pasan cosas singulares.
~ Horacio Quiroga
Y la madre creyó a la serpiente, porque en todas las religiones de los hombres la serpiente conoce el misterio de las vidas que pueblan los mundos.
~ Horacio Quiroga
echó afuera esa imperiosa necesidad de culpar a los otros, que es patrimonio específico de los corazones inferiores.
~ Horacio Quiroga
Y cuando sane y no tenga más delirio…¿me querrás todavía?
~ Horacio Quiroga
Esta convicción era tan intensa, que Nébel jamás la había besado.
~ Horacio Quiroga
Basta que dos personas sorban los deleites de la vida de un modo anormal, para que se comprendan tanto más íntimamente, cuanto más extraña es la obtención del goce. Se unirán en seguida, excluyendo toda otra pasión, para aislarse en la dicha alusinada de un paraíso artificial.
~ Horacio Quiroga
Abusaba de la morfina, por angustiosa necesidad y por elegancia. Tenía treinta y siete años; era alta, con labios muy gruesos y encendidos, que humedecía sin cesar.
~ Horacio Quiroga